
Por: Ozema Méndez Herasme
Serie: “Rostros de mi Pueblo”
Artista, ambientalista y soñador, César Rivas ha transformado su comunidad con murales, árboles y proyectos que reflejan la identidad jaraguense.
Esta conversación comenzó cuando le comenté que me gustaría hacerle un reportaje. Me dijo:
Ah, soy tímido para las cámaras, pero puedo sentarme contigo y contarte todo, mostrarte fotos y videos.
Le respondí, y una sonrisa se dibujó en mi rostro:
No te preocupes, será un reportaje escrito.
Y así, con esa mezcla de humildad y simpatía, iniciamos el recorrido con la pregunta obligada:
¿Cuándo descubrió su relación con el arte?
A lo que contestó: “Todo comenzó cuando mi hermano Polivín dibujó al Pájaro Loco en la pared de la habitación donde dormíamos. Esa fue mi primera impresión del arte”, cuenta con nostalgia. Desde entonces, aquel niño inquieto empezó a imitar los trazos con carbón sobre las aceras, sin imaginar que esos juegos serían el inicio de una gran pasión.
César, nacido en Villa Jaragua el 28 de mayo de 1968, es hijo de don Polivio Rivas Batista y la licenciada Pánfila Pérez Ferreras, ya fallecidos. Es el penúltimo de ocho hermanos y, aunque su formación profesional es en Derecho —graduado en UTESA en 1995—, su verdadera vocación siempre ha estado ligada al arte, la naturaleza y el servicio comunitario.
Trabajó durante 33 años en el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, experiencia que fortaleció su amor por la reforestación y el cuidado del entorno.
Su relación con el arte fue creciendo gracias al maestro Rafael Bueno, un artista de Bellas Artes que, de forma desinteresada, le ofreció clases de dibujo y pintura durante un año. “Eso me marcó. Ese gesto generoso fue la base de todo lo que aprendí y sigo aprendiendo en este bello oficio”, expresa con gratitud.
El deseo de transformar su pueblo surgió tras un viaje familiar a la provincia Hermanas Mirabal. Allí quedó impresionado con los coloridos murales que adornaban las calles. “Me enamoré de esos murales. Fue la llave que abrió mi ilusión. Soñé con llevar algo parecido a Jaragua”, relata. Así nació la idea del proyecto de murales comunitarios, una iniciativa que materializó junto a su grupo de amigos Los Inaguantables, quienes lo acompañaron en cada jornada artística.
Pero detrás de cada obra hubo grandes retos. Conseguir fondos era difícil, los materiales costosos, y los viajes desde Santo Domingo rondaban los 40 mil pesos. “Los artistas que me ayudaban lo hacían sin cobrar. Dormían en mi casa, comíamos juntos. Hicimos ocho viajes para completar los murales. En uno de ellos, en El Salado, tuvimos un accidente que casi nos cuesta la vida”, recuerda. Aun así, la solidaridad de los jaraguenses fue más fuerte: organizaron rifas y ventas de camisetas para sostener el proyecto.
Su espíritu comunitario no se detuvo ahí. César también ha impulsado la reforestación urbana, especialmente en el bulevar de Jaragua, un sueño que comenzó hace años y hoy llena las calles de verde. “Ver a la gente sumarse a plantar árboles es mi mayor regalo. Ese será nuestro legado para las futuras generaciones. Reforestar no solo embellece, también ayuda al planeta frente al cambio climático”, dice con orgullo.
Uno de sus proyectos más emblemáticos es el Paseo de las Banderas, una iniciativa que nació tras visitar Puerto Plata. “Dios me tocó el corazón. Vi esas banderas ondeando y pensé: Jaragua también merece un espacio así”, relata.
En sus inicios, las banderas fueron donadas por jaraguenses residentes en distintos países, por lo que el grupo no podía elegir cuáles colocar. “Al principio no teníamos selección, porque eran donaciones de nuestros compatriotas en el extranjero. Pero en los últimos dos años, con el apoyo de los Barrieros de corazón, hemos podido comprar las banderas nosotros mismos, y eso nos ha permitido enfocarnos en las de nuestro continente. Aun así, siempre incluimos algunas europeas, porque muchos de nuestros barrieros viven allá”, explica.
Hoy, ese espacio ondea con orgullo el símbolo de la unión jaraguense más allá de fronteras.
Asimismo, otro de los monumentos que lleva su sello es el monumento de las letras en la entrada de Villa Jaragua, una obra que resume el espíritu y los valores del pueblo.
“En este caso, sí nos detuvimos a buscar la identidad de Jaragua. Para eso tuvimos una reunión en mi casa con varios de Los Inaguantables”, cuenta César.
“Si te fijas —explica—, la J tiene libros, simbolizando un pueblo de personas estudiantes; la A, según sus pinturas, representa a un pueblo de músicos y artistas; la R, la cultura del folclore mangulina; la siguiente A, el deporte clásico de Jaragua; la G simboliza la agricultura de nuestra zona; la U, todo lo que tiene que ver con nuestra fauna y el lago; y la última A, nuestro Cacique Enriquillo. Todo esto fue elegido de manera consensuada entre Los Inaguantables.”
César Rivas cree firmemente en el poder del arte para transformar vidas. “El arte aleja a la juventud de los vicios, les enseña a soñar y a vivir con propósito.
Cada artista busca dejar su huella, trascender y aportar a su comunidad. Por eso debemos seguir apoyando el talento local”, insiste.
Humilde y trabajador, César se define como un hombre que solo busca servir. “Soy un jaraguense que ha puesto su talento al servicio de la reforestación, la cultura, la música y la pintura. Mi mayor deseo es dejar un pueblo más hermoso para quienes vienen detrás.”
En medio de la conversación, quise saber cómo le gustaría ser recordado. Su respuesta, sencilla pero profunda, reflejó toda su esencia:
“Solo quiero que me vean como un jaraguense que puso su talento, su pasión por la reforestación, la cultura, la música y la pintura al servicio de su pueblo. Que di y sacrifiqué todo lo que estuvo a mi alcance para dejar un Jaragua más hermoso.”
Con varios proyectos en carpeta entre ellos, la creación de nuevos monumentos artísticos en puntos estratégicos del municipio, César Rivas sigue siendo una inspiración.
Su historia es testimonio de cómo el arte, la fe y el amor por la tierra pueden transformar comunidades enteras.
Rostros de mi Pueblo celebra hoy a un hombre que no solo pinta murales, sino que también pinta esperanza en el corazón de Jaragua.


